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Full text of "Cotidiano Mujer 1986; año 1, no. 5"

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Cotidiano 


Montevideo, Marzo de 1986 
Año 1 ~ N» 5 NS 60 



8 de Marzo 


Día Internacional de la Mujer 



de sus protagonistas. El 8 de mar¬ 
zo fue proclamado hace 70 años 
Día Internacional de la Mujer a 
partir de un hecho dramático: 129 
obreras textiles de Nueva York 
mueren quemadas en su lugar de 
trabajo. 

Estábamos todavía en los albo¬ 
res del capitalismo y en los co-f 
mienzos de la incorporación masi¬ 
va de la mujer al mercado de tra¬ 
bajo. El drama de esta huelga de 
mujeres textiles ofrendó al mundo, 
con su sacrificio y su ejemplo, una 
denuncia y un símbolo, y abrió 
para la mujer un nuevo campo de 
lucha, el de la igualdad en el tra 
bajo. Del símbolo a la realidad de 
encarnación en cada movimiento^ 
social, hay miles de pequeños sím¬ 
bolos cotidianos de lucha de muje¬ 
res en la defensa de sus derechos v 
por la conquista de un espacio que 
\le ha sido históricamente negado. 

I Pero el 8 de marzo, como reafir- ^ 
mación de esta lucha es una res¬ 
ponsabilidad que debemos asumir 
para que nuestra presencia e inci¬ 
dencia social tenga un sentido de 
propuesta. Para que sea en prime¬ 
ra instancia, un autoreconocimien- 
toy una voz que se alce rompiendof 
I un silencio al que tanto las mujeres^ 
nos hemos acostumbrado. Por mu\ 
chas razones que nos hemos y ^/oíI 


\tatorial significó para la mujer, 
abrió este nuevo camino que he- 
mos comenzado a transitar y que 
de alguna forma se condensó ese 8 
de marzo pasado. No hay duda que 
el desafio se nos plantea de cara al 
futuro, un futuro que no se hace 
solo de conmemoraciones del Día 
Internacional de la Mujer. Cree¬ 
mos que este marzo nos convoca a 
un trabajo mas amplio, más pro¬ 
fundo. de mayor presencia e inci¬ 
dencia. Pero hay que empezar por 
sentir y estar todas juntas haciendo 
nuestra historia y reescribir la de 
aquellas compañeras asesinadas, 
la de nuestras fabriqueras ’ la de, 
las sufragistas, la de las Luisi, | 
María Collazo. Carmen Suela y de^ 
todas las que hicieron de la causal 
de la mujer un sentido de vida. 
que en este 8 de marzo se multipli-^ 
quen las asambleas en lugares dei 
trabajo o de estudio, que se haga\ 
visible nuestra presencia, que po-* 
damos desplegar en fértil abanico 
todos los esfuerzos que a lo largo y ¡ 
ancho del país hacen de la causa\ 
de la mujer una realidad de orga-^ 
han inventado, tenemos aún temorJ¡^ nización. Esto es una responso- 
en reconocernos como sector mar-^ bilidad nuestra. Las mujeres debe- 
ginal, como parte de una condición^^mos vivir nuestro día. en la calle, 
específica, como portadoras, enf. 'en el trabajo, en el barrio, y unir 
tanto movimiento, de una pro-* nuestras fuerzas, multiplicándolas. 


Colectivo Mujer 






2 


MqjER 



muier 


Meló - diciembre 1985 — El 
día 19 de diciembre, a las 19:30 
se inauguró “La Casa de la Mu¬ 
jer” en la calle Justino Muniz | 
610. Felicitaciones al Movimien¬ 
to Paulina Luisi. esperando 
inaugurar también la “Casa de 
la Mujer*’ en Montevideo._ 



Como cada verano, este año 
también, las páginas de nuestros 
periódicos y de sus suplementos 
están llenas de miyeres mostran¬ 
do la “cola”. Como si no hubiera 
otra imagen para ilustrar el 
tema sea el que sea, estas fotos 
acompañan artículos tan varia¬ 
dos como el calor que hizo, el 
tiempo que hará, la afluencia de 
turistas, los precios en Punta del 
Este, la oferta de un modelo de 
coche, etc. En un artículo de 
“Liberación”, suplemento juve¬ 
nil del diario “La Hora” del 
18.12.85 sobre “Qué opinan los 
jóvenes” aparece la foto infalta- 


ble: en la primera página de “El 
Día” del 15.1.86 siempre mos¬ 
trando la “cola”, una mujer: 
también en “El Día” del 26.1.86 
esta vez para anunciar el estreno 
de nuevas rotativas, tres mujeres 
mostrando la “cola” son comen¬ 
tadas con insinuaciones sexua¬ 
les; en “El País” se publicita un 
coche, la foto muestra el auto 
con fondo de mar, un conductor 
que no se ve, y sobre el motor, 
recostada boca abajo una mujer 
en bikini; el texto decía: “el due¬ 
ño (del coche) como es hombre 
que se respeta, prefirió perma¬ 
necer en un discretísimo segun¬ 
do plano”, de la mujer, se dice 
“estaba posada sobre la impre¬ 
sionante estructura”. 

Los ejemplos pueden seguir 
hasta el cansancio. Qué conclu¬ 
siones podemos sacar frente a 
este uso y abuso del cuerpo de la 
mujer? Qué sociedad podemos 
construir cuando el 54% de la 
población sirve para hacer pu¬ 
blicidad mostrando la "cola "? 
Qué pensamos de esta publici¬ 
dad que necesita el objeto-mujer 


para ""vender" sus productos? 
Qué pensamos de los consumi¬ 
dores que compran más cuando 
el producto viene presentado en 
envoltorio sexual? Por fin. qué 
sentimos las mujeres cuando ve¬ 
mos nuestros cuerpos descuarti¬ 
zados para ofrecer “un trozo" 
que sirve de anzuelo? 






n 


Carnavaleando. Disfrutamos, 
y mucho, de esta larga tradición 
de la cultura popular, que todos 
los carnavales se renueva reco¬ 
rriendo los barrios montevidea¬ 
nos. Sin embargo querríamos 
hacer algunas reflexiones sobre 
esta “cultura”. Parecería que el 
único motivo de risa que tene¬ 
mos los uruguayos, son las alu¬ 
siones groseras al sexo y a las, 
mujeres. A veces con matices, 
otras con grosería, algunas sim¬ 
plemente para “estar a tono” 
nuestras murgas nos hacen sen¬ 


n mente 


tir la tremenda represión sexual 
que se esconde detrás de cada 
alusión, y q(ié dosis de violencia 
masculina (manisfestación del 
mismo fenómeno) hay en la re¬ 


currente utilización de la mujer 
como objeto sexual o como cari¬ 
catura fácilmente tipificable. 
Opinamos porque nada de los 
social nos es ajeno. 



Sin comentarios 

Gallito Luis — Diario “El País”, 2 de febrero 1986 

--- 

¿ES USTED BONITA? 

TIENE UD. 

“ANGEL Y GARRA” 

La Empresa; Industria Metalúrgica 

El puesto: vendedora de productos metalúrgi¬ 
cos (no se asuste: la capacitación técnica espe¬ 
cífica. será dada integramente por la empresa). 

La aspirante debe tener entre 23 y 33 años, ser 
bonita y simpática, tener ese “Angel”, ese 
dinamismo y ese instinto que hacen el éxito en 
la venta. ¿Reúne Ud. estos requisitos? Enton¬ 
ces escríbanos ya. No se pierda la oportunidad 
de este puesto excelente que tenemos paxa Ud. 
Carta manuscrita y fotd a C. Corteo 340. C.C. 

___ J 


“Mi vida toda es una boca 


Delmira Agustini nace el 24 de octubre de 1886 en 
un hogar burgués de Montevideo. Tuvo una infan¬ 
cia precoz: a los 4 años lee y escribe con soltura, a 
los 10 escribe poesía. Tuvo asimismo una infancia y 
una juventud solitarias, sin amigos, sin juegos, sin 
estudios fuera de su casa. A pesar de eso conoce en 
profundidad la obra literaria de su época. Su rela¬ 
ción familiar gstuvo signada por la tutela inteligen¬ 
te, culta aunque posesiva de su madre. Luego de un 

ECORDAREMOS hoy en 
esta página a una poetisa 
alabada por hombres y 
mujeres, “a la espléndida mujer 
de caudalosa cabellera de oro 
veneciano... de grandes ojos co¬ 
lor de mar...” que fue una crea¬ 
dora: Delmira Agustini. 

A su paso por Montevideo en 
1912, Rubén Darío, desde su 
indiscutida autoridad dice de 
ella: “Es la primera vez que en 
lengua castellana aparece un 
alma femenina en el orgullo de 
la verdad de su inocencia y de su 
amor, a no ser Santa Teresa en 
su exaltación divina”. Unamu- 
no. Alfonsina Storni, Vaz Fe- 
rreira, Alberto Zum Felde. la in¬ 
telectualidad de su época y la 
crítica literaria posterior se 
asombraron con la precocidad 
de su genio, con uno de los casos 
de intuición intelectual más ad¬ 
mirable que se conozca. 

Encerrada en el reducto noc¬ 
turno de su cuarto, exiliándose 
del aplastante ambiente fami¬ 
liar, “La Nena” sin embargo su¬ 
fría: “Nunca llevásteis dentro 
una estrella dormida que os 
abrasaba enteros y no daba un 
fulgor?”, se pregunta atormen- 


en flor...” 

noviazgo de 5 años, se casa con Enrique Job Reyes 
de quien se divorcia al mes y medio de casamiento. 
Publica 3 libros de poesía: ‘"El Libro Blanco " en 
1907, "Cantos de la Mañana ” en 1910y "“Los Cáli¬ 
ces Vacíos" en 1913. El 6 de julio de 1914 es 
asesinada de dos tiros en la sien por su ex esposo, 
quien a su vez se suicida. Su familia publica un 
libro póstumo en 1924: "El Rosario de Eros ". 


tada. Alfonsina Storni, dice, ha¬ 
blando de su obra, que las gran¬ 
des mujeres son aquellas que 
acertaron a trasmitir con preci¬ 
sión su mundo subjetivo, ese 
universo “inefable” que pocas 
veces rompe con las vallas del 
lenguaje, del “pudor” burgués, 
de lo confesional. Delmira pudo 
revelar su subconciente femeni¬ 
no sexualizando objetos y accio¬ 
nes con “majestuoso impudor”. 
Profundamente femenina, de 
"una femineidad feroz”, pudo 
cantar libremente al amor tal 
como lo sentía pero no lo podía 
vivir: “Eros, acaso no sentiste 
nunca piedad de las estatuas? ... 
piedad para las pulcras cabelle¬ 
ras que nunca airea el abanico 
negro... piedad para los sexos 
sacrosantos que acoraza de una 
hoja de viña astral la Casti¬ 
dad?...”. 

Montevideo, el “Tontovideo” 
del 900 era una cárcel moral 
para las mujeres que, encorseta 
das, ensombreradas, vigiladas 
por los y las guardianas de la 
“buena conducta” debían ceñir 
su sensualidad al qué dirán de la 
religión, del conservadurismo 
burgués, a la imagen de la niña 


angelical o a la de la madre- 
atemporal. 

Delmira acataba mansa el im¬ 
perio de las costumbres, de la 
^ mediocridad que la rodeaba: no 
se rebela abiertamente, adecúa 
su imagen a la que proyectaba 
para ella una sociedad pacata, y 
una madre que la oprimía, (aun¬ 
que comprendía y apoyaba su 
creación literaria). Cuida sus 
gestos, oculta sus entrevistas, 
conserva en secreto parte de su 
correspondencia, vive así en un 
perpetuo enmascaramiento, en¬ 
redada en una vida doble. Al pie 
de cartas de un infantilismo ju¬ 
guetón dirigidas a su novio, es¬ 
cribe fugaz “por favor no vuel¬ 
vas a la imprudencia del so¬ 
bre’*... “no aludas a nuestra co¬ 
rrespondencia secreta”... “sigue 
formal como hasta ahora...”. 

Pero la doble vida se detenía en 
el umbral de su poesía: en ella 
supo llegar a esa “oscura raíz del 
grito” para exorcisar su frustra¬ 
ción, el dolor de la división entre 
el sentir y el vivir, pudo decir: 
“Yo muero extrañamente... no 
me mata la vida, no me mata la 
Muerte, no me mata el Amor: 
muero de un pensamiento mudo 




Delmira Agustini 


Explosión (El Libro Blanco. 1907) 


Si la vida es amor, bendita sea! 

¿Quiero más vida para amar! Hoy siento 
que no valen mil años de la idea 
que un minuto azul del sentimiento. 


Mi corazón moría triste y lento... 
Hoy abre en luz como una flor febea. 
¡La vida brota como un mar violento 
donde la mano del amor golpea! 


Hoy partió hacia la noche, triste, frk 
rotas las alas mi melancolía; i 
como una vieja mancha de dolor ‘ 


en la sombra lejana se deslie... 
¡Mi vida toda canta, besa, ríe! 
¡Mi vida toda es una boca en flor! 


como una herida...”. 

El marido no escapa al rol re¬ 
presor en el que muchas veces se 
refugian los hombres por miedo 
a la sensualidad femenina, a su 
expansión, al desborde que pue¬ 
de “llevar el universo al caos”, 
teme y por lo tanto reprime. No 
tolera el canto de su compañera 
que lo invita: “Si la vida es 
amor, bendita sea! Quiero más 
vida para amar...! 

Un mes antes de su casamien¬ 
to publica “Los cálices vacíos”, 
su tercer libro de poemas en el 
que vuelca “la verdad de su ino¬ 
cencia”. La ciudad no se lo per¬ 
dona, la gente la deja de saludar, 
la esquiva, es el aislamiento to¬ 
tal. “Si estuviera en Europa po¬ 
dría sentarme sola en un café sin 
escandalizar” y confesándose 


con su entrañable amigo A.Z.F. 
le dice: “Es un dulce milagro 
sentirse comprendida cuando se 
ha nacido para desconcertar... 
cantaré para no sentirme tan 
sola”. 

A los 27 años Delmira Agusti¬ 
ni deja de existir. A su entierro 
asiste un público mayoritaria- 
mente femenino. Los diarios del 
día ahora sí sin temor a la impu¬ 
dicia. se apoderan de la intimi¬ 
dad de la pareja y publican las 
fotografías de los cadáveres se- 
midesnudos. Una mujer asesina¬ 
da por pasión ya no merece res¬ 
peto, no se le pide recato, “sir¬ 
ve” a la prensa sensacionalista. 
Delmira Agustini fue una mujer 
inmolada. 

E.F. 










Mq)eR 


5 


Reportaje a mí misma 
¿soy feminista o sindicalista? 


MARIA JULIA ALCOBA, obrera textil, 
sindicalista, uruguaya. Vive en Barcelona 
y trabaja con grupos de mujeres desde 
hace seis años, en un centro sanitario de 
Planificación Familiar. 

“Yo escribo como lo hacen muchas mu¬ 
jeres, en trocitos de papel, que guardan 
encima de la heladera, entre los tarros de 
cocina, para que nadie los lea. 

Antes me daba vergüenza porque tenía 
faltas de ortografía pero fueron mis com¬ 
pañeras de trabajo quienes me estimula¬ 
ron a dar a conocer lo que tenia guardado 


en los bolsillos de mi túnica. 

Son mis vivencias, momentos que com¬ 
partí con otras mujeres, que como yo esta¬ 
ban en lo mismo. 

Por eso todas tendríamos que contar, 
porque esa es nuestra historia, que sigue 
en el anonimato. Quisiera que todas las 
mujeres que escriben a escondidas, lo 
compartieran, para que todas nos conocié¬ 
ramos mucho más y formáramos nuestra 
corriente de opinión, una corriente de Mu¬ 
jeres para Mujeres ". 


D e feminismo, no. las muje¬ 
res textiles no hablába¬ 
mos, no lo conocíamos. 
Nos parecía que contábamos con, 
el respeto de los compañeros: la 
compañera que destacaba pasa¬ 
ba a la dirección del gremio, por 
mérito que todos reconocían; 
nos necesitaban, formábamos la 
mayoría militante del sindicato. 

En dos conferencias de muje¬ 
res textiles, hablamos de cosas 
“nuestras”, es decir, casas cuna 
en los lugares de trabajo, iguaL 
trabajo, igual remuneración, co¬ 
sas que hicimos hacer suyas al 
gremio, de la cual la segunda hi¬ 
cimos realidad en el año 1966. 

No, de feminismo no hablába¬ 
mos, no... 

Mirando hacia atrás, hoy me 
siento trampeada. Desde luego 
yo estaba convencida que estaba 
representada en la dirección del 
gremio. Sin embargo los textiles 
en un 80% somos mujeres, y yo 
ingenuamente me sentía repre¬ 
sentada con una o dos compañe¬ 


ras, en una dirección de 10 ó 12 
compañeros; resulta que la re- 
presentatividad era a la inversa. 

Sí, como te decía, de feminis¬ 
mo no hablábamos, será porque 
no teníamos tiempo, ocho horas 
de trabajo de pié frente a la mᬠ
quina, con media hora para co¬ 
mer^ sentadas en el comedor de 
la empresa, siempre con el grupo 
que afectivamente te sentías me¬ 
jor. Luego ocho horas de trabajo 
doméstico completaban la jor¬ 


nada, donde cenábamos casi 
siempre de pie. y ocho horas 
para dormir. 

¿Feminismo?, nunca tuve 
tiempo de pensar, siempre tuve 
la impresión de vivir de prisa, de 
comer de prisa, de dormir de 
prisa, para estar a las 5:15 horas 
tomando el autobús, a la maña¬ 
na siguiente, para la fábrica. 

Sin embargo, siento que las 
ocho horas de trabajo comparti¬ 
das con otras personas me daba 


cierta sensación de comunidad y 
libertad y la sensación de prisión 
la sentía en casa, y una actitud 
individualista, de soledad, en la 
suerte del ama de casa, triste y 
gris, en la cual, no dejaba desde 
el punto de vista de la produc¬ 
ción, NADA, no dejaba nada, no 
me quedaba nada entre las 
manos. No, de feminismo no ha¬ 
blábamos. no... 

Cómo es posible que me ani¬ 
me a pensar en voz alta esto, qué 


contradicción! (En el momento 
que era “explotada”, en el mo¬ 
mento en el que me quitaban la 
“plusvalía”, marxistamente ha¬ 
blando, era cuando yo tenía la 
sensación de libertad). Sería que, 
cuando yo dejaba un objeto físi¬ 
camente logrado, yo sabía que 
tantas canillas de hilo corres¬ 
pondían a tantos kilos de hilado, 
era socialmente libre? Cuando 
volvía a casa, me sentía atrapa¬ 
da, todo el peso de la casa me 
oprimía, me aplastaba, me sen¬ 
tía indefensa, de nada me servía 
el socialismo, se me escapaba 
toda teoría de plusvalía; me 
sentía como mujer sola. Sólo sé 
que con mis compañeras me 
sentía un tejido fuerte, difícil de 
romper. 

Será que, como textil, sé que 
las tramas horizontales y verti¬ 
cales, hacen la fuerza de las 
telas; y que un hilo solo, es fácil 
de romper. 

No, de feminismo no hablába¬ 
mos. no... 

Julia Alcoba 


Reportaje 


Laura... 

I N qué trabajas? 

Yo hace muchos años que trabajo. 
J>sde que tuve mis 4 hijos no paré de 

rerlo, pero mientras fueron chicos po¬ 
díamos vivir con lo que Héctor ganaba. 
Cuando comenzaron el liceo la situación se 
hizo más difícil y me puse a tejer. Tejí por 
varios años, ya hace casi 20, cosía en ve-, 
rano y tejía en invierno hasta ahora que ya 
estoy por cumplir los 60. 

¿Pero qué te hizo decidirte a salir a tra¬ 
bajar fuera de tu casa? 

La situación había empeorado. Mi ma¬ 
rido también trabaja por su cuenta y en 
ese período estábamos muy mal. Lo que yo 
hacía en casa no era suficiente. La situa¬ 
ción estaba mal para todos y la gente 
mandaba menos a tejer, y cada vez paga¬ 
ban menos por el trabajo. En el año 85 me 
pagaban lOO pesos por un buzo de hom¬ 
bre tejido y armado, y tenía que hacer 10 
por semana, un esfuerzo que realmente ya 
no podía hacer. Entonces me salió esta 
oportunidad y me decidí a trabajar acá. 

¿Seguís cosiendo? 

SV, sigo cosiendo en casa para unos 
muchachos que venden ropa a boutiques. 
Ellos me traen la ropa cortada y yo la 
coso. Este verano fueron pantalones, los 
armo y los coso. 

¿ Y te pagan bien ? 

Te doy una cifra para ejemplo, estoy 
haciendo cuatro pantalones por día y me 
pagan 1(X) pesos por cada uno. 

¿Pero cuánto sale ese pantalón en la 



boutique? 


Y más o menos 2.000 pesos, pero hay 
otros que pagan menos. 

¿ Y son muchas las mujeres que trabajan 
en esto? _ 

Sí, creo que sí, aunque no estamos en 
contacto. Yo por ejemplo conseguí dos 
costureras más para estos mismos mucha¬ 
chos, y están muy contentas porque se ne¬ 
cesita trabajar, hacer un peso, aunque te 
paguen muy poco. No existe una organiza¬ 
ción que diga que no se puede tejer o 
coser a menos de tanto la hora o la pieza, 
como en otros órdenes. 

¿Cuántas horas al día trabajas? 

Aquí estoy cíe las 10 de la mañana hasta 
las 4 de la tarde y después voy a casa y 
coso hasta las 12 ele la noche. Pero ahora 
voy a dejar porque no puedo seguirme ex¬ 
plotando yo misma. Ya al quedarme más 
horas acá voy a ganar más, así que dejo la 
costura. 

Las amas de casa que trabajamos en 
casa estamos totalmente desprotegidas, la 
única relación de trabajo entre nosotras es 
a través de los intermediarios. 


Graciela... 

E xiste la creencia de que ser maestra 
es un trabajo privilegiado, en el sen¬ 
tido que se tienen 3 meses de va¬ 
caciones, un horario corto, etc., tú qué 
dices al respecto? 

No sé, lo que puedo decirte, sin entrar a 
analizar el carácter social de nuestro tra¬ 
bajo, es que en el aspecto estrictamente la¬ 
boral no tiene nada de privilegiado, en 
primer término por el salario que percibi¬ 
mos (NS 10.000 sueldo básico), lo que nos 
obliga a tener otro y otros trabajos que 
generalmente se ubican dentro de nuestra 
profesión, por ejemplo clases en una es¬ 
cuela privada, clases particulares por in¬ 
terminables horas, turnos en guarderías, o 
cosas por el estilo. Teniendo en cuenta el 
altísimo porcentaje de mujeres maestras 
esto significa una labor continua en el tra¬ 
bajo y fuera de él en la atención del niño. 

En qué sentido esto te parece una des¬ 
ventaja? 

Mirá, hay mucho para decir al respecto 
y sobre todo para desmistificar. Enseñar es 
una tarea hermosa, pero cuando no se 
cuenta con los medios adecuados tanto 
materiales como políticos, las condiciones 
en que se desarrolla la labor llegan a ser 
extenuantes. Frente a una clase de 50 a 
más niños, la mayoría provenientes de 
hogares sin recursos, en escuelas sin ele¬ 
mentos suficientes, con una formación in¬ 
suficiente por todos estos años de oscuran¬ 
tismo, te sentís impotente frente a la res-* 
ponsabilidad que tenés del futuro de esos 
niños. Además, emotivamente, ser maestra 


significa un enorme desgaste. No se “tra¬ 
baja”, se ama al niño; frente a tí no tenés 
un expediente a llevar a término, sino una 
vida humana y por eso mismo conlleva 
una dosis de frustración ante aquellos que 
no aprenden, o no se insertan en el siste¬ 
ma educativo. 

Como te decía, cuando llegás a tu casa, 
tus hijos también son una responsabilidad 
tuya, y la maestra y la mujer se unen en el 
trabajo y en la casa, con esa inmensa 
carga emotiva que significa educar a los 
niños. 

Ademas de los problemas de fondo que 
señalás respecto a la tarea educativa, 
cuales son los principales problemas labo¬ 
rales que enfrentan los maestros hoy? 

Hay muchos y tal vez sea difícil jerar¬ 
quizar uno. pero quiero señalar uno que 
me parece fundamental para las mujeres 
jóvenes: la desocupación. El año 85 marcó 
un importante número de desocupación en 
el magisterio; mientras existían clases su¬ 
perpobladas. había 850 maestros sin clase. 
Creo que este año con el veto al presu¬ 
puesto va a ser peor. Así la desocupación 
femenina seguirá en aumento. 






Me ha costado valorar 
mi ser mujer... 

Teresa Porzecanski es Asistente Social y Licenciada en Ciencias Antropológicas. Tiene publicados 
seis libros de ensayo en Ciencias Sociales y Trabajo Social v seis libros de ficción, la mayoría en narrativa 
y uno en poesía. Ha escrito más de cuarenta artículos especializados en antropología en diversas 
publicaciones nacionales y extranjeras, y relatos suyos integran diversas antologías latinoamericanas. 
Desde 1970 se ha desempeñado como docente en la Universidad de la República y en 
Universidades extranjeras. Es casada y tiene dos hijos adolescentes. 



^ ¡JE entiende Ud. por fe- 
cinismo? 

No es en absoluto un conjunto 
de “creencias” ni un dogma, 
sino úna perspectiva que aborda 
la consideración de ciertos valo¬ 
res, no sólo en relación a las 
mujeres, sino con respecto al ser 
humano en general: la solidari¬ 
dad, la generosidad, la equidad, 
la no-violencia, a ser llevados a 
la práctica en las relaciones con¬ 
cretas entre los seres, para esti¬ 
mular una sociedad armoniosa y 
amorosa. Digo amorosa, porque 
no puede haber armonía social 
sin amor y, mal que le pese a 
otras posturas —objetivistas, ra¬ 
cionalistas— los valores sociales 
solidarios, no pueden ser alcan¬ 
zados por decreto o por discipli¬ 
na, despegados ambos de la 
emoción. Una sociedad, enton¬ 
ces, no será armoniosa porque 
sea bien controlada en sus im¬ 
pulsos conflictivos, sino porque 
sus integrantes puedan com¬ 
prenderse y tolerarse. 

Esta perspectiva no se aboca 
solamente al burdo simplismo 
de que “las mujeres sean iguales 
a los hombres”. Ni hay tal sim¬ 
plismo ni hay tal igualdad. Gra¬ 
cias a que somos diferentes, y no 
sólo fisiológicamente de los 
hombres, el aporte que la pers¬ 
pectiva femenina puede hacer a 
la sociedad es decisivo. 


¿Qué es lo específico entonces 
del feminismo? 

Lo específico es intentar supe¬ 
rar los límites estrechos de las 
posturas partidarias o de grupos 
de presión, no caer en “consig¬ 
nas”, ni en “mensajes” limita¬ 
dos y dogmáticos, no resignarse 
a ser “un mero movimiento de 
mujeres”. Lo específico del fe¬ 
minismo es elevar a un plano 
universalista, los aprendizajes y 
valores que resultan del embara¬ 
zo, maternidad y lactancia, o 
sea, de aquellas instancias que el 
hombre no puede experimentar 
en su cuerpo, ni, por lo tanto, in¬ 
terpretar en profundidad. Y 
ellas apuntan hacia una cierta 
vivencia del mundo y de las co¬ 
sas. en que el “ser para otros” (el 
ser para el hijo) adquiere mayor 
importancia que el “ser para sí 
mismo”. Es la mujer quien está 
biológica y emocionalmente in¬ 
serta en la trama de la continui¬ 
dad vital, de la conexión entre 
pasado y futuro. El surgimiento 
de la vida se da, en ella, como 
una captación directa del movi¬ 
miento natural de transforma¬ 
ción de la energía en materia y 
en conciencia. 

De modo que en los valores 
que rodean el lazo madre-hijo 
radica el centro de la perspectiva 
feminista, porque ese vínculo 
orienta todos los otros vínculos, 
y los valores de solidaridad, pa 


cifismo, generosidad, tolerancia, 
sacrificio, se extrapolan de él. 

¿Qué le ha significado el 
hecho de ser mujer en su activi¬ 
dad de escritora ? 

Desde el punto de vista de mi 
escritura, me ha costado com¬ 
prenderme como mujer, en un 
mundo de pensamiento mascu¬ 
lino, en el que atributos como la 
fuerza, la autoridad, la eficacia, 
el poder (independientemente de 
quienes los ejerzan) están inter¬ 
mediando en las relaciones hu¬ 
manas, no sólo entre hombres y 
mujeres, sino también entre las 
mujeres mismas. Me ha costado 
no menospreciar mi femineidad 
al tenor del menosprecio sutil y 
ligeramente condescendiente que 
es común denominador en nues¬ 
tra sociedad, heredera, por otra 
parte, del abolengo romano del 
pater-familias vía Occidente. Me 
ha costado valorar mi ser mujer, 
como instancia singular y enri- 
quecedora, y defender mis dere¬ 
chos a escribir lo que quiero y 
cómo quiero. Grandes dosis de 
voluntad necesité para hacer dos 
carreras universitarias y doce li¬ 
bros sin renunciar a la pareja y a 
los hijos. 

Pero también es cierto que yo 
escribo desde mi cuerpo, desde 
mi femineidad en su acepción 
más visceral. No he cambiado mi 
nombre como lo ha hecho Geor- 


ges Sand. No es un yo “masculi¬ 
no” el relator de mis cuentos. No 
oculto el cuerpo femenino en mi 
escritura. Mi lenguaje no quiere 
ser racionalista, objetivo o dis¬ 
tante, autoritario, omnisciente, 
palabra santa. Escribo desde mi 
incertidumbre humana, y ella 
pasa por los ovarios. 

¿La llamada “opresión de la 
mujer" tiene que ver con la es¬ 
tructura de una sociedad de 
clases? 

Como bien lo señaló hace ya 
años Simone de Beauvoir. tiene y 
no tiene que ver. El vulgarmente 
llamado “machismo” está pre¬ 
sente en todas las clases sociales 
y en todos los sectores de ellas. 
El proxeneta que explota a la 
prostituta con la resignación de 
ésta, o el marido del barrio de 
emergencia que la mata a palos, 
cuando está bebido o porque sí, 
despliegan, en esencia, la misma 
conducta del intelectual urbano 
cuando le “pide” a su compañe¬ 
ra que haga la cena para los diez 
compañeros de Comité que aca¬ 
ba de traer a su casa a mediano¬ 
che. La dominación, por más 
sutil e intermediada que esté, es 
la misma. Si el ejecutivo decide 
económicamente sobre la vida 
familiar, y es el único que trae el 
dinero, la mujer, dondequiera 
que esté en la escala social, está 
siempre en un segundo plano. 


Esto, al margen de decir que 
también buena parte de intelec¬ 
tuales y ejecutivos golpean a sus 
mujeres, bebidos o no, y ello no 
es una metáfora. 

Pero estos actos —a diferencia 
de los que ocurren en los barrios 
de emergencia— son siempre 
acallados por el desprestigio que 
implican para sus protagonistas. 
Así, la dependencia económica 
es. al mismo tiempo, emocional. 
La mujer teme “el que dirán”, y 
aún en las situaciones límites, se 
niega a confesar cuando es mal¬ 
tratada, violada o privada de sus 
derechos. Las formas de extor¬ 
sión que utiliza sutilmente la 
“sociedad masculina” son la 
amenaza y el retiro del sustento 
de ella y de sus hijos. Habría que 
hacer una investigación estadís¬ 
tica a nivel judicial para ver en 
qué porcentaje de casos estas va¬ 
riables parecen significativas en 
nuestro país. Pero los indicios 
apuntan a que no lo son. 

En resumen, aunque la socie¬ 
dad actual evolucionara hacia 
una más equitativa distribución 
de los ingresos, y hacia un relati¬ 
vo bienestar material, ello no 
quiere decir nada respecto de la 
“liberación de la mujer”. Esta 
depende de otro cambio, mucho 
más profundo, en las estructuras 
de pensamiento, en los sistemr ^ 
de interpretación del mundo, eii' 
los valores y en las actitudes. 


t 


I 


Consejo del Niño María de los Angeles Stopiello, 

Una reflexión necesaria 



Asistente Social, Secretaria 
General de la Asociación de 
Funcionarios del Consejo 
del Niño 

UAL es la problemática 
que rodea a los niños del 
Consejo y en particular a 
sus familias? 

La problemática de fondo es 
socioeconómica, sin dejar de re¬ 
conocer que existen otros facto¬ 
res que influyen en la necesidad 
de que el Consejo intervenga. 
Pero, en un altísimo porcentaje, 
(me atrevo a hacer un cálculo es¬ 
timativo) un 80% de la población 
del Consejo es una población 
muy carenciada, de miseria, de 
extrema pobreza, que trae como 


consecuencia un deterioro en 
las relaciones familiares, un de¬ 
terioro en el cumplimiento de los 
roles y funciones del padre y de 
la madre, que trastoca todo, 
hasta la familia como institu¬ 
ción, o lo que social y cultural¬ 
mente se entiende por ello. La 
familia del niño del Consejo 
tiene características especiales, 
un sistema de valores diferente, 
ni malos ni buenos, diferente. 
Unas posibilidades de dar afecto 
y de recibirlo, diferentes. 

Como es la célula familiar 
tipo? 

Existe una madre que está en 
el centro, y una o distintas 
figuras paternas que cambian. 
En torno a la madre funcionan 
todos. Ella es la que centraliza, 
la que nuclea al grupo. Es una 
madre que por otro lado está 
muy limitada y exigida, porque 
no puede responder a las necesi¬ 


dades de todos esos niños, y en¬ 
tra en un proceso —eso lo vemos 
nosotras que atendemos a ma¬ 
dres adolescentes— de envejeci¬ 
miento, de desgaste físico, síqui¬ 
co y emocional, en el que van 
perdiendo su capacidad de 
amor. 

Cuáles son las exigencias que 
tienen estas madres? 

Son las exigencias propias del 
rol de mujer que la sociedad les 
adjudica: cuidar de los hijos, ali¬ 
mentarlos, vestirlos, mandarlos 
a la escuela. Pero a la vez tienen 
que hacer limpiezas o ejercer la 
prostitución, o hacer otras acti¬ 
vidades que la tienen alejada de 
la familia, porque ella juega 
también un rol de sostén econó¬ 
mico muy importante. 

Y los compañeros o esposos? 

Por lo general tienen un com¬ 
pañero con una mentalidad muy 
machista. Habitualmente no 


comparten la educación de los 
hijos, ese es el rol de ella. El de él 
es, en todo caso, el de traer el di¬ 
nero que pueda juntar. 

Quién es el que desarrolla a 
nivel de la familia, la relación 
con el Consejo del Niño, v en qué 
situación se da ese paso? 

Generalmente es la mujer. Y 
el paso se da cuando no tienen 
qué darle de comer, cuando no 
tienen vivienda, son situaciones 
típicamente económicas. 

Son madres con muchos hi¬ 
jos? 

En la mayoría de los casos son 
familias numerosas. 

Conocen la planificación fa¬ 
miliar? 

Lo que hemos notado es que 
hay bastante resistencia a la pla¬ 
nificación familiar. Hay cierta 
información, pero es posible que 
haya deformación de la misma. 
Pero también hay cierta resis¬ 
tencia a todo lo que signifique ir 


al hospital, tener que hacerse 
controles cada tanto tiempo, 
cuidar “su” persona. 

Siendo la mujer el centro del 
medio familiar, la que da el paso 
hacia el Consejo y la que mantie¬ 
ne la relación con él, se ha reco¬ 
nocido la problemática de la 
condición de la mujer, se ha re¬ 
flexionado específicamente so¬ 
bre ella ? 

Analizar la problemática des-’ 
de una óptica de la mujer, no. no 
lo hemos hecho. Sí habíamos 
visto la necesidad de ver el 
problema desde un contexto fa¬ 
miliar, de investigar las dificul¬ 
tades sociales que tiene el grupo 
familiar. Claro que al estar nu- 
cleada generalmente la familia 
en torno a la mujer, al ser ella el 
eje del grupo familiar, creo que 
se hace importante definir, estu¬ 
diar. la situación de la mujer. 
Porque encontramos también 
actitudes que tienden a juzgar a 
esas madres, a decir que son 
“buenas” o “malas” o “sinver¬ 
güenzas”. 

Creo que una reflexión desde 
la óptica de la mujer, se hace ne¬ 
cesaria. 




¿Pero, ustedes son feministas? 

Sí, somos 


Somos feministas porque sa¬ 
bemos que la sociedad, en sus 
distintos momentos y formas, 
siempre ha planteado algún tipo 
de discriminación de la mujer, 
cualquiera sea su clase social o 
nivel cultural. Y no se nos esca¬ 
pa que en nuestra sociedad uru¬ 
guaya concreta, capitalista y de¬ 
pendiente. el feminismo, como 
movimiento de lucha y organiza¬ 
ción, requiere atender también 
otros aspectos de la temática so¬ 
cial a los que se encuentra indi¬ 
solublemente unido. 


“Somos feministas porque 
trabajamos para organizar- 
nos como mujeres y para 
que esta organización ge¬ 
nere un movimiento en 
todos los ámbitos de la so¬ 
ciedad...”. 

Somos feministas porque tra¬ 
bajamos para organizamos co¬ 
mo mujeres y para que esta 
organización genere un movi¬ 
miento que en todos los ámbitos 


de la sociedad cuestione y elabo¬ 
re un punto de vista diferente, 
transformador. 

El feminismo surge como un 
movimiento de liberación de la 
mujer y abarca en su seno una 
amplia gama de opiniones y ela¬ 
boraciones que las característi¬ 
cas de los movimientos sociales 
de cada país le imprimen. Y así 
hay un feminismo europeo, un 
feminismo norteamericano, y 
ahora, un feminismo tercermun- 
dista. Lo que nosotras valoramos 
del feminismo, genéricamente. 


es la jerarquización de un enfo¬ 
que y una búsqueda de respues¬ 
tas al problema de la condición 
de la mujer que aporta una teo¬ 
ría y un campo de lucha para la 
mujer en tanto sujeto histórico 
concreto como protagonista del 
cambio. 

A principio de siglo en 
nuestro país las reivindicaciones 
feministas se expresaron en el 
movimiento de las sufragistas, 
reclamando el derecho al voto 
para la mujer; este movimiento 
significó un cambio en la con¬ 
cepción del papel de la mujer 
para la mentalidad provinciana 
de aquel momento. Hoy. la exis¬ 
tencia de un movimiento de 
mujeres es una necesidad para 
modificar cualitativamente nues¬ 
tra participación en lo social, en 
lo político, para impedir que se 
sigan reproduciendo el uso y el 
abuso de nuestra condición mar¬ 
ginal tanto en las relaciones in¬ 
terpersonales (familiares, labo¬ 
rales. de pareja, profesionales) 
como en la propaganda, en los 
medios de comunicación de ma¬ 
sas. en la política económica, en 
la utilización de nuestro cuerpo 
como objeto que reproduce cul¬ 
turalmente la subordinación que 
cuestionamos. 


MqjeR 

D esde hace varios meses 
hemos comenzado a anali¬ 
zar algunos problemas que 
condicionan la participación de 
la mujer, entendiendo por parti¬ 
cipación. el pleno desarrollo de 
nuestra potencialidad personal y 
social. Pero a diario desde que 
comenzamos este trabajo, igual 
que lo que le sucede a otros gru¬ 
pos de mujeres, nos enfrentamos 
al recelo de una pregunta que. 
con ironía, agresividad o quién 
sabe qué cúmulo de cosas horri¬ 
bles. se esconde detrás de esa 
palabra controvertida; “Femi¬ 
nismo*’. 

¿Pero ustedes son feministas? 
La pregunta tiene varios tonos y 
la mayoría de ellos no por cierto 
desprovistos de juicios de valor 
negativos, por no decir de una 
aversión profunda, como si estu¬ 
vieran frente a \in peligro o a 
una desviación malsana. Y el te¬ 
ma aquí adquiere varias dimen¬ 
siones. Vayamos por partes y 
comencemos por responder la 
pregunta, a la que a través de la 
magia del papel y de la máquina 
de escribir estamos transfor¬ 
mando en una buena pregunta, 
sin dobleces, ni prejuicios. Y 
decimos, sí. somos feministas. 


“Somos feministas porque 
cada una de nosotras he¬ 
mos vivido personalmente 
de una manera u otra la 
discriminación, como ma¬ 
dres. como esposas, como 
hijas, como mujeres...”. 


Somos feministas porque cada 
una en su condición y a su ma¬ 
nera vivió la discriminación co¬ 
mo madres, esposas, como hijas, 
como mujeres. Sentimos el peso 
de la injusticia de los roles asig¬ 
nados, de las limitaciones, de los 
prejuicios, de las trabas. Situa¬ 
ciones que de manera aislada e 
individual se nos presentaban 
como insalvables, incambiables, 
^ero que en un proceso de acer¬ 
carnos y en el descubrimiento de 
vivir lo individual como colecti¬ 
vo, encontramos un camino de 
cambio.* 


“Somos feministas porque 
sabemos que la sociedad, 
en sus distintos momentos 
y formas, siempre ha plan¬ 
teado algún tipo de discri¬ 
minación de la mujer...”. 


“...las feministas de princi¬ 
pio de siglo imprimieron 
con su lucha un rumbo y 
un ritmo a la organización 
del Estado y la sociedad...”. 
“Debemos pues, conocer y 
rescatar este protagonismo 
para proyectarlo en el pre¬ 
sente y en el futuro de 
nuestra lucha”. 


Si las feministas de principios 
de siglo imprimieron con su lu¬ 
cha un rumbo y un ritmo a la or¬ 
ganización del Estado y a la so¬ 
ciedad. junto a todo el movi¬ 
miento social, sindical y cultural 
de la época, su paso por la histo¬ 
ria de nuestro país ha sido rápi¬ 
damente olvidado. Debemos 
pues, conocer y rescatar este 
protagonismo para proyectarlo 
en el presente y en el futuro de 
nuestra lucha. Las mujeres uru¬ 
guayas tenemos que ocupar 
nuestro lugar en este movimien¬ 
to que en América Latina se va 
multiplicando, construyendo la 
propuesta de la mujer a partir de 
su realidad, de la conciencia de 
sus trabas, de la aspiración de 
un nuevo rol social. 



La 

Dama 

de 

Knossos 


— Dir. Elena Zuasti 


Teatro del Notariado — Obra de Eduardo Sarlos 

E sta obra estimula algunas reflexiones acerca de las figuras 
masculinas que aparecen como personajes poco significativos 
en relación a las dos mujeres (Delmira Agustini y la madre). 
El padre, pequeño físicamente, siempre con el cuaderno negro de 
las cuentas y la visita diaria al bar con los amigos, parece comple¬ 
tamente avasallado por su mujer y poco sensible frente a las 
aptitudes de su hija. La esposa, descrita negativamente en los libros 
sobre Delmira, adquiere en la obra un rol ambiguo, expresa una 
profunda admiración por la hija, como si de su físico enfermo y de 
su frustración naciera una necesidad de proyección a través de su 
“Nena”. Trata de convencerla de no casarse, definiendo al futuro 
marido como un verdadero peligro para su trabajo como escritora, 
por no ser un hombre de su misma altura intelectual. Acto éste 
notable si consideramos que para las mujeres de aquella época el 
matrimonio era la única “carrera”. Trata de convencer al futuro 
marido de que no deben tener hijos en seguida para no destruir la 
capacidad creativa de Delmira (parecería una expresión de con¬ 
ciencia feminista). 


Desde el principio de la obra se resalta la calidad de relación 
que Delmira busca con el marido y lo que él. tan normal aunque 
tan enamorado, es incapaz de comprender de una mujer compleja 
como ella. Delmira hace notar la falta de sensibilidad y atención de 
este hombre que tan sólo 20 días después del matrimonio, la espera 
tirado en la cama en calcetines, considerándose ya un “marido", lo 
que la lleva a sentirlo a pesar de su caluroso abrazo de deseo 
sexual, como un elefante que pisotea un prado de flores. Estas 
expresiones y reclamos de Delmira son incomprensibles para él y lo 
habrán sido también para la mayoría de los espectadores mascu¬ 
linos. 

Estas figuras masculinas, en apariencia insignificantes, 
representan a los portadores y reproductores de los valores ma- 
chistas que armarán las manos del marido asesino: el honor trai¬ 
cionado. la duda sobre su propia virilidad, la no aceptación de que 
una mujer decida su futuro saliéndose de las reglas sociales de 
aquella época, aún hov vigentes. 

A.M^. 



mjjs^ 



Buscando nuestra 


sexualidad 



L as mujeres nos estamos 
reuniendo para hablar de 
nuestra sexualidad, esta¬ 
mos compartiendo nuestras ex¬ 
periencias, nuestras percepcio¬ 
nes y nuestras interpretaciones. 

Cada vez somos más las que 
estamos interesadas en descu¬ 
brir, analizar y discutir con otras 
mujeres cuál es el origen y la 
explicación de nuestros proble¬ 
mas a nivel sexual. 

Con frecuencia nos resulta di¬ 
fícil trasmitir lo que sentimos: 
cómo gozamos, a veces, de nues¬ 
tro cuerpo y de nuestras relacio¬ 
nes sexuales o, lo que es mucho 
más frecuente, cómo sufrimos o 
padecemos situaciones incómo¬ 
das, desagradables y frustrantes 
caracterizadas por la total au¬ 
sencia de placer sexual. 

Pero, lo que deberíamos acep¬ 
tar con todas sus consecuencias 
es que no es por casualidad que 
experimentamos temor, vergüen¬ 
za o un irracional pudor no sólo 
al vivir nuestra sexualidad, sino 
simplemente al hablar de ella. 
Lo evidente es que los siglos de 
represión puritana que carga¬ 
mos sobre nuestros hombros han 
hecho su lento pero seguro tra¬ 
bajo, como la gota de agua en la 
piedra. 

En los encuentros, en los talle¬ 
res, en la consulta personal, 
cuando se alcanza el clima de 
confianza suficiente, podemos 
compartir testimonios como és¬ 
tos: 


"Empecé a tener relaciones 
sexuales a los ¡8 años, antes de 
casarme. Yo no quería: pero él 
insistió y, finalmente, acepté por 
temor a que me dejara por otra. 
Lo hice con mucho miedo. Nun¬ 
ca he tenido placer. Ahora tengo 
30 años y discutimos mucho por 
este problema ". 

"No tengo deseos sexuales. 
Antes sí los tenía, cuando estᬠ
bamos juntos, antes de casarnos. 
Ahora cada vez me interesa me¬ 
nos hacer el amor. Tengo tres ni¬ 
ños, me siento muy cansada, no 
tengo ganas de nada ". 

"Tengo 40 años. No sé lo que 
es el orgasmo. Lo he leído en al¬ 
gunas revistas para mujeres, 
pero yo no sé lo que es. Nunca lo 
experimenté. Mi amigo dice que 
soy "frígida ". Por eso consulto. 
¿ Podré lograrlo ?' \ 

"En mi casa nunca se habló 
de estos temas. Mi madre era 
muy "reservada". Una vez una 
mujer me explicó algo acerca de 
la menstruación. Cuando mens- 
trué por primera vez me dió 
mucha vergüenza y me escondía 
por todos los rincones... En mi 
vida de pareja he sido muy infe¬ 
liz: nunca quiero tener relacio¬ 
nes. No quisiera que a mi hija le 
pase lo mismo ". 

"Mi primera relación sexual 
fue muy frustrante. Yo no quería 
hacerlo, aunque me daba placer 
estar juntos y acariciarnos. Un 
día se puso tan enojado que, al 


final, yo "aflojé". Sentí una sen¬ 
sación extraña, mezcla de ardor 
V’ de dolor. Lloré mucho, no por 
el dolor físico, sino porque yo no 
quería perder mi virginidad. 
Nunca más sentí deseos sexua¬ 
les ’ ’. 

"Gozo sólo cuando me esti¬ 
mulo la zona del clítoris. Cuan¬ 
do intentamos tener relaciones 
con penetración, me "quedo 
fría ". Es como si se me fueran 
las ganas ". 

"No estoy a bien con mi cuer¬ 
po. Cuando me miro en el espe¬ 
jo, veo mis senos demasiado pe¬ 
queños y me da vergüenza... no 
me gusta que me vea desnuda ". 

Pues bien: estos testimonios 
son muy frecuentes. A veces, 
muy de tanto en tanto, aparecen 
testimonios afirmativos, como 
los que siguen, pero resulta de¬ 
primente constatar su bajísimo 
porcentaje: 

"Para mí el sexo es muy her¬ 
moso. Desde pequeña sentí pla¬ 
cer de tocarme y de acariciarme. 
Mi madre nunca me lo prohibió. 
Cuando empecé a tener relacio¬ 
nes sexuales, las viví como una 
experiencia tan agradable que 
siempre he buscado que se repi¬ 
ta una y otra vez ". 

"A mí me gusta mi cuerpo. 
Cuando era chica, me gustaba 


niucho andar sin ropas. Mi cuer¬ 
po desnudo siempre me ha dado 
placer' 

La elocuencia de estos testi¬ 
monios habla por sí sola. Nos 
muestra claramente cuántas du¬ 
das. cuánta ignorancia, cuánta 
frustración caracteriza la vida 
sexual de la mayoría de las mu¬ 
jeres. Conocemos muy poco 
nuestro cuerpo: nos cuesta mu¬ 
cho aceptarnos como somos. 

Este hecho no nos debería ex¬ 
trañar: en nuestra vida, hemos 
crecido bombardeadas simultᬠ
neamente por dos tipos de men¬ 
sajes contradictorios: un tipo de 
mensaje, el de nuestros padres, 
de la iglesia, de las instituciones, 
que nos dice y nos repite, directa 
o indirectamente, que el sexo es 
sucio, que es peligroso, que es 
pecado tocarnos y gozar de 
nuestro cuerpo: que es pecado, 
que está mal o que somos malas 
mujeres si vivimos nuestra se¬ 
xualidad antes del matrimonio o 
al margen de él: que las mujeres 
no deben usar anticonceptivos 
antes de casarse: que es pecado, 
que es inmoral y criminal practi¬ 
carse un aborto: que el sexi> sólo 
es valioso si está al senicio del 
amor y de la procreación. 

Por otro lado, recibimos el 
otro tipo de mensajes: el cine, la 
televisión, las revistas femeninas 
y los anuncios publicitarios nos 


repiten hasta el cansancio que 
tenemos que ser “libres", “des- 
inhibidas". “modernas": que es 
decisivo para una mujer ser 
atractiva, seductora, conquista 
dora. etc., etc. 

Pues bien: es hora de que las 
mujeres aprendamos, de una vez 
por todas, a resistir y a cuestio¬ 
nar combativamente la hipocre¬ 
sía social de este doble mensaje. 
Es necesario que nos decidamos 
a analizarlo en profundidad, to¬ 
mando conciencia de dónde es 
que proviene y qué se propone 
esta ideologia de la ambigüedad 
y de la contradicción: quiénes 
son los que “manejan" estos do¬ 
bles mensajes y para qué y con 
qué fines lo hacen. 

La liberación social, política, 
económica, cultural de la mujer 
es un proceso en marcha. Es un 
proceso incontenible. Pero la. 
liberación efectiva y total de las 
mujeres concretas no se podrá 
alcanzar o se desvirtuará hipó¬ 
critamente si el proceso se detie¬ 
ne. como hasta ahora, prudente¬ 
mente. al borde de la cama. 

E.L. 



¿Qué 

sexualidad? 

L a sexualidad es una comunicación en el sentido más amplio 
del término. La libido no se expresa sólo a través del acto 
sexual sino en el conjunto de mensajes y expresiones que 
hacen a la persona misma. Es así que el acto sexual no es el único 
aspecto de la sexualidad, aunque tal vez el más emocionante. 

El lenguaje sexual no puede ser sólo un rito técnico que tiene 
como fin el orgasmo físico; así entendido, sólo es fuente de frus¬ 
tración para la mujer. Es la comunicación entre dos seres que 
buscan, allí donde las palabras difícilmente llegan, un gesto, un 
calor emocional, el hacer suyo el placer del otro, viviendo plena¬ 
mente el propio placer. Esta actitud sexual crece, se desarrolla en 
un “in crescendo” de mensajes de amistad, ternura, confianza, 
que son el verdadero preludio del orgasmo sexual. Pensar que 
sean las “sabias caricias” el único preludio del orgasmo, es real¬ 
mente no haber comprendido nada de la sexualidad y reducirla a 
la forma más empobrecida. Conocer nuestro cuerpo y sus locali¬ 
zaciones eróticas no sólo facilita la comunicación de nuestras ne¬ 
cesidades con la pareja, sino que es también un profundo conoci¬ 
miento de nosotras mismas. Esto implica una relación de creci¬ 
miento que durará toda la vida y hará nuestra sexualidad siempre 
distinta en el correr de los años, adaptándola más fácilmente a las 
diversas fases de transformación física de la mujer. 

Es competencia nuestra, en nuestra especificidad como mu¬ 
jeres, la propuesta de una sexualidad que nos comprenda al 
hombre y la mujer como dos sujetos protagonistas en la misma 
intensidad. 

A.M.C 



^ .■ 


Mq)eR 


La cárcel 

¿una experiencia feminista? 



D IRA la historia de nuestro 
país que durante muchos 
artos, muchos hombres vi- 
viervm sólo con hombres y mu¬ 
chas mujeres sólo con mujeres. 

No bien se cerrarían las dejas 
dejando de un lado a hombres y 
mujeres libres y del otro sólo a 
—en nuestro caso— mujeres 
presas, una vaga interrogante se 
instaló sin que nadie la formu¬ 
lara. 

A partir de ese momento los 
problemas se presentaron de 
una forma muy distinta a la que 
conocíamos. Tal vez fueran, en 
el fondo, los mismos de siempre, 
pero no era fácil descubrirlos 
ahora. No estaban tratados en 
ningún libro, nunca los había¬ 
mos discutido y no se podía re¬ 
currir para su examen ni a la 
familia ni a los compañeros. 

No había otra alternativa que 
RESOLVER. Encontrar la for¬ 
ma ^n que nuestras pequeñas 
sabidurías personales, tan limi¬ 
tadas como nuestras edades, en¬ 
traran en una relación de cola¬ 
boración que las hiciera produc¬ 
tivas. O sea. descubrir y soltar 
las trabas de inseguridad, com¬ 
petencia y dispersión que habían 
caracterizado nuestras relacio¬ 
nes sociales. Sustituirlas por 
otros lazos de solidaridad que 
ensancharan la capacidad de 
»das. 

El panorama no era rosado: 
por delante, largos años de cár¬ 
cel, de apremios que quién sabe 
qué significarían exactamente 
para nosotras. Había que en¬ 
contrar la mejor forma de vivir^ 
allí, de levantar una barrera 
entre aquel efecto destructivo y 
nuestra integridad. A menudo 
esa lucha se expresó en formas 
primarias, como una lucha con¬ 
tra el odio con el que nos ase¬ 
diaban. 

Así, una característica feme¬ 


nina, surgida de las condiciones 
en que vivimos desde tiempos in¬ 
memoriales, vino a convertirse 
en fuente vital de un comporta¬ 
miento voluntario. De nuestra 
experiencia social más antigua 
nacía a raudales el don de la so¬ 
lidaridad esencial, de la afectivi¬ 
dad: cantamos para nuestros ni¬ 
ños cuando los gritos de odio y 
amenaza quisieron tapar nues¬ 
tro diálogo. Hicimos teatro, mí¬ 
mica y baile cuando se nos quiso 
inmovilizar toda expresión hu¬ 
mana. Abrazamos a las compa¬ 
ñeras cuando se quiso hacer sen¬ 
tir la soledad como un peso de 


plomo sobre cada una. 

En medio de las paredes, na¬ 
die tan expuesto como el compa¬ 
ñero enfermo síquico. Sobre 
ellos se apuntó la maquinaria 
destructiva de la cárcel, pero a 
su alrededor levantamos noso¬ 
tras la protección que no tuvi¬ 
mos que aprender: la del afecto 
que hace frente a todo, la de la 
solidaridad. 

La primera tarea que juntó 
nuestras cabezas fue la de Ínter 
pretar colectivamente lo que 
estábamos viviendo. Luego hubo 
que evaluar si lo hecho era acer¬ 
tado o había que corregir. Y 


todos estos pasos en un mismo 
sentido nos dejaron un legado 
extraordinario: METODO. Na¬ 
da menos que ese invalorable 
modo de hacer las cosas que nos 
estuvo vedado siempre y al que 
sólo accedíamos algunas, indivi¬ 
dualmente y a costa de desmedi¬ 
dos esfuerzos. 

Nos lanzamos con entusiasmo 
y aplicación escolar sobre temas 
antes inabordables. 

Pero no sobre todos los temas. 
Había una zona infranqueable a 
la que no llegaban las conclusio¬ 
nes comunes. Se trataba en ge¬ 
neral de nuestro particular de¬ 


sempeño como madres, como 
trabajadoras, como compañeras, 
en fin, como mujeres. ¿Estába¬ 
mos conformes? Allí se cerraba 
el debate, como si hubiera un 
coto cerrado de relaciones pri¬ 
vadas. 

El día en que alguien propuso 
hablar de nuestros problemas 
específicos como mujeres, la res¬ 
puesta fue tajante: “¿Y qué pro¬ 
blemas tenemos nosotras que no 
sean los problemas de todos?”. 
Punto. 

Resultaba evidente la falta de 
armonía. Cientos de mujeres de 
todas las edades, de múltiples 
orígenes y experiencias viéndo¬ 
nos vivir y, sin embargo, no era 
del todo nítido el campo de pro¬ 
blemas comunes. 

La cárcel como experiencia, 
como hecho nacional, tocó a más 
gente de la que encerró. Hay que 
tener presente para responder a 
la cuestión de si la cárcel fue una 
experiencia feminista o no. que 
involucró a una población feme¬ 
nina mucho mayor que el núme¬ 
ro de presas. Todas esas mujeres 
que protagonizaron durante tan¬ 
tos años un papel distinto al tra¬ 
dicional, participando activa¬ 
mente en la lucha por la digni¬ 
dad. por la vida, por la justicia, 
construyeron algo muy impor¬ 
tante: la clase que permitió ela¬ 
borar las respuestas que hoy 
aparecen con más claridad. 

No sacamos conclusiones co¬ 
munes de todos aquellos proble¬ 
mas que parecían ser de todas, y 
esa falta importa mucho. La ex¬ 
periencia vivida como mujeres, 
siendo pues incompleta, sólo 
definirá sus alcances a medida 
que enfrente las presiones a que 
se verá sometida. De lo que no 
cabe duda es de que marca un 
hito en la historia del feminismo 
uruguayo. 

I.T. 


Libro de las Brujas 

1 , 


H ablamos con Serena Fo- 
glia por teléfono para con¬ 
certar una entrevista que 
no pudo ser por motivos de fuer¬ 
za mayor; un leve acento italiano 
y una modulación musical nos 
propusieron postergar nuestras 
preguntas para el mes de julio. 
Será entonces en invierno cuan¬ 
do sabremos por qué esta italia¬ 
na graduada en Ciencias Políti¬ 
cas y en Sociología, presidenta 
de la Asociación Italiana de As- 
trología, con 4 libros sobre este 
tema publicados en Italia, mari¬ 
do banquero y varias hijas muje¬ 
res, se dedica al estudio de las 
brujas y de sus prácticas, descri¬ 
biendo en 179 páginas el atroz 
genocidio que significó la ma¬ 
tanza en la hoguera de más de 8 
millones de mujeres entre los si¬ 
glos XIV y XVIL 
El ‘‘Libro de las Brujas”* tra¬ 
ducido al castellano por Evi 
Camussi y Nora Giometti es de 
lectura amena. Enfoca el tema 
partiendo del hecho de la doble 
imagen de la “bruja” a través de 
los siglos: la de la bella, que cura 
y hace el bien, más cercana al 
hada en realidad, que arrancaría 
de un culto pre-cristiano de 
origen celta, y la de la vieja, obs¬ 


cena, castrante, infanticida, que 
copula con el mismísimo demo¬ 
nio, imagen configurada por el 
cristianismo hacia el siglo XIII. 
Esta visión ambigua de la mujer, 
le confiere sin embargo, poderes 
casi sobrenaturales, como sólo se 
les había otorgado a las diosas 
de la antigüedad. Nos pregunta¬ 
mos, ¿es que eran en realidad las 
mujeres tan poderosas?, ¿po¬ 
dían volar, convertir a los hom¬ 
bres en animales, castrarlos, 
eran capaces de comer 16 niños 
en una sola noche, de hacer 
llover y producir la sequía? ¿Có¬ 
mo se pudo llegar a esta irra¬ 
cionalidad colectiva e institucio¬ 
nalizada, puesto que eran la 
Iglesia y el Estado quienes pa¬ 
trocinaban la matanza: pero, so¬ 
bre todo, estaremos tan libres 
hoy en día de una “cacería de 
brujas”, cualquiera sea su sig¬ 
no? 

El libro hace un breve recorri¬ 
do por las distintas encarnacio¬ 
nes de la bruja/maga a través de 
la historia y la literatura, y de 
sus vinculaciones con la religión, 
la filosofía y la ciencia, y consi¬ 
gue llenarnos de estupor con las 
argumentaciones de la Bula del 
Papa Inocencio VIII que, en 


1484 ratifica el tratado de dos 
tristemente famosos monjes, 
dando así piedra libre a la “ca¬ 
cería de brujas”. El tratado, que 
fue usado como Código de Juris¬ 
prudencia en los procesos contra 
8 millones de mujeres, establecía 
la indisoluble unión entre bruje¬ 
ría y sexo femenino, siendo un 
“...feroz, increíble documento 
de obsesiva y fanática misogi¬ 
nia”. Como muestra, basta leer 
una de las “demostraciones” so¬ 
bre la perversión de las mujeres: 
“...que habiendo nacido de la 
costilla de Adán, costilla que es 
de forma doblada, la mujer tiene 
una estructura física defectuosa, 
por lo tanto su índole no puede 
ser sino inferior e imperfecta”. 
Así de simple! 

Creemos que “El Libro de las 
Brujas” nos sirve para meditar 
por qué la mujer fue ese “cabeza 
de turco” en el que los hombres 
depositaron seguramente tantos 
miedos ancestrales. Qué tipo de 
poder femenino simbolizan las 
brujas cuando la peor de las 
^acusaciones que se les hizo fue el 
infanticidio, justamente lo opues¬ 
to a la capacidad femenina pri¬ 
maria de dar la vida? En resu¬ 
men, un libro de divulgación 
pero lleno de sugerencias, para 
seguir reflexionando. 

E. F. 


* “El Libro tic las Brujas", ilc Se¬ 
rena Foglia. Fd. (ie la Pla/a. 
Montevideo. 1985. 


RECIBIMOS EL APOYO FEMINISTA DE DOS ARTISTAS 
URUGUAYOS PARA NUESTRA CAMPAÑA FINANCIERA: 
JUAN STORM Y GUILLERMO BUSCH CREARON PARA 
“COTIDIANO MUJER” DOS OBRAS QUE FUERON REPRO¬ 
DUCIDAS Y NUMERADAS PARA UNA VENTA SOLIDARIA 
CON EL COTIDIANO. 


Se pueden adquirir en el local 
de Cotidiano Mujer, Ana Mon- 
terroso de Lavalleja 2010. los 
miércoles de 17:00 a 19:00 o 
bien llamar al teléfono 44729. 



NUESTRO FUTURO DEPENDE DE USTEDES. COTIDIA¬ 
NO MUJER PODRA SEGUIR SIENDO UNA REALIDAD SOLO 
CON EL APOYO DE CADA UNO Y CADA UNA DE USTEDES. 










Feminismo latinoamericano 



Las mujeres peruanas, un ejemplo 


F eminismo latinoamerica¬ 
no, obviamente un tema no 
muy preferido de diarios, 
noticieros, programas de TV y 
revistas existentes en nuestro 
medio. Evidentemente un tema 
no muy hablado ni al que se 
hace referencia cuando se co¬ 
menta sobre feminismo. Los co¬ 
mentarios, con una sorprenden¬ 
te frecuencia, están siempre di¬ 
rigidos, con una clara intención 
ridiculizante y desvirtuadora, 
hacia el feminismo europeo y 
americano. 

Pero ¿cuántas veces hemos 
visto, leído u oído del feminismo 
latinoamericano? ¿Oué infor¬ 
mación nos brindan al respecto 
los mismos medios de comunica¬ 
ción que eternamente han car¬ 
gado sus tintas, tendenciosa y 
subjetivamente, en opiniones y 
comentarios sobre toda manifes¬ 
tación feminista? 

América Latina cuenta con un 
movimiento feminista nacido de 
la realidad de las mujeres de 
todos los estratos sociales, razas 
y sectores políticos. Un feminis¬ 
mo comprometido con la reali¬ 
dad latinoamericana que denun- 

Datos que interesa 
conocer: 

* La mujer peruana recién ob¬ 
tuvo el derecho al voto en , 
1955. 

♦ De cada 100 analfabetos. 54 
son mujeres. 

♦ Una cuarta parte de las muje¬ 
res mayores de 15 años sólo 
tiene educación primaria in¬ 
completa. 

♦ Otra cuarta parte nunca ha 
ido a la escuela. 

* Las mujeres reciben la mitad 
de la remuneración que perci¬ 
ben los hombres por el mismo 
trabajo. 

En 1985 dos candidatas femi¬ 
nistas se presentaron a las elec¬ 
ciones parlamentarias bajo la Iz¬ 
quierda Unida. Victoria Villa- 
nueva, candidata a senadora, or¬ 
ganizadora del Movimiento Ma¬ 
nuela Ramos en 1978. Virginia 
Vargas, candidata a diputada, 
coordinadora del Centro de la 
mujer peruana, Flora Tristán. 

Rosa Dueñas, feminista, mili¬ 
tante de la Izquierda Unida y re¬ 
presentante de los grupos indí¬ 
genas, asume en 1985 la Conce¬ 
jalía de la Municipalidad de Li¬ 
ma: uno de sus proyectos, crear 
la Casa Municipal de la Mujer. 
Su finalidad, dar servicios de in¬ 
formación y orientación en pro¬ 
blemas de salud y legales, con 
especial énfasis en casos de mu¬ 
jeres golpeadas y violadas. 



cia la doble discriminación que 
se sufre por ser pobres, margina¬ 
das, explotadas y MUJERES. 
Doble discriminación que hace a 
la lucha de las mujeres del 
Tercer Mundo indispensable¬ 


mente comprometida con toda 
la problemática política y socio¬ 
económica, y que vuelve a lo 
“privado” inevitablemente “pú¬ 
blico”. Feminismo que ha en¬ 
contrado en los ejemplos euro¬ 
peo y norteamericano, y en las 
diferentes corrientes feministas, 
puntos de apoyo teórico, refle¬ 
xiones y situaciones sorprenden¬ 
temente similares. Pero que 
también ha elaborado sus pro¬ 
pias reflexiones y caminos de 
lucha. 

PERU, con una historia du¬ 
ra. llena de injusticias y someti¬ 
mientos, con un medio social 
violento, contradictorio, e injus¬ 
to en sus discriminaciones por 
raza, clase y sexo, cuenta entre 
sus fuerzas sociales con grupos 
de mujeres, grupos feministas 
que ya desde principios de siglo, 
y con más fuerza desde la déca¬ 
da del 70. luchan por lograr una 
sociedad más justa, pero más 
justa para todos. 

El Centro de la Mujer Perua¬ 
na Flora Tristán, el Movimiento 
Manuela Ramos, el Frente So¬ 
cialista de Mujeres, la Comisión 
Organizadora de la Mujer Pe¬ 


ruana, el Grupo de Autocon- 
ciencia de Lesbianas Feministas, 
el Colectivo Feminista cristiano 
“Talitha Cumi”, la Asociación 
Amauta de Mujeres de los Ba¬ 
rrios populares de Cuzco, los 
Centros de Mujeres de gran can¬ 
tidad de pueblos y ciudades pe¬ 
ruanas, el grupo de teatro el 
“Retablo”, etc., etc., etc., son 
algunos de los nombres que in¬ 
tegran la larga lista de grupos 
movilizados en torno a la proble¬ 
mática de la mujer. Mujeres tra¬ 
bajadoras. mujeres indígenas, 
pobladoras, empleadas domés¬ 
ticas, amas de casa, profesiona¬ 
les, candidatas al parlamento en 
las últimas elecciones, se movili¬ 
zan en contra de las leyes que 
discriminan a la mujer, por la le¬ 
galización del aborto, por el 
acceso a los anticonceptivos, en 
contra de la esterilización forza¬ 
da. por la reapertura de los con¬ 
sultorios de planificación fami¬ 
liar, contra la comercialización 
del Día de la Madre, en apoyo a 
la lucha de los sindicatos feme¬ 
ninos, por “No más violencia 
contra la Mujer”, para denun¬ 
ciar torturas y violaciones. 


éi 


Las indias nos estamos 
haciendo feministas’’ 










Ll pjtiijujJu existe cíi ludtis lu 
xcturcb 1 II el cjm [ n). 1 j inuici cb mi ’ 
cliu iiij:> 1 icne que ii v.* 

el hj|i) j la espalda, tiene que ir a i 
lueibar la Hería, hiuiina de eso 
que liaeei la ineiicnda, llevarla al Ci 
panero que esta en el eampo y unj> 
allí leñemos que eompailir el Ira ^ 
del ^anipo 11 e'>poso es el que lr*i 
!.r Hería y pumo, [)l,o tjUienes as 
n.t>s el ti.il).i|o de la casa s* «nos ri 
Hus; ..ij Je las uj|.*«./ii,.atjdidi 
que tenenio', vi.- vainii.ai le¿^;(ij'> li 
k-’u.És j).iid caijMi h Iv-n.i, pMi.jue ' 
<•>, 1.111 hus...indo el a;Mia p.ua le^-al 
sembiivis. n >,e.i rjue l.i inu|ei es la 
llene ijue Inuei de lodo pelo el li 
bie es el que liene el podei. \ poi 
el liomhie es el ’ laila” inuehas Vt 
nos pdpeaii. eieeii que golpeando 
mujer ellos son mas liombies y iij 
eieiio eso de que “mas me pegas j 
le quieio" 






Realizan jornadas de refle¬ 
xión, discusión e información 
sobre: sexualidad, con grupos de 
adolescentes y mujeres adultas; 
salud, trabajo, legislación, mal- . 
trato, violencia, situación nacio¬ 
nal, elecciones generales, sobre 
problemas, que como mujeres, 
se veh enfrentadas día a día. 
Editan revistas y boletines, crean 
centros para la mujer, organizan 
comedores y guarderías, forman 
bibliotecas y centros de docu¬ 
mentación. LUCHAN!! Pero de 
una manera distinta, con un 
nuevo aporte, con una nueva 
visión de lo que es lucha y lo que 
es Poder. Sensible, emotiva y so¬ 
lidariamente. 

Cotidiano Mujer, identificado 
con esta forma de lucha, defini¬ 
do en este feminismo, se suma 
como una voz más a las muchas 
voces que día a día nacen en la 
denuncia, se fortalecen con Ij'* 
comunicación, se enriquecen en ^ 
los aportes y crecen en la unión 
de ese gran movimiento feminis¬ 
ta latinoamericano. 


L.A.yB.B. 


Nombre 


Dirección . 


País 


Suscripción anual: 

Internacional 
América Latina 
Uruguay 




U$S 201 
U$S 101 
N$ 800, 


I 


Enviar a nombre de Elena Fon- 


seca con giro postal o cheque, j 

I_I 


Coiidiano Mujer es una publicación 
mensual del Coleciivo Editorial 
Mujer. 

Directora Responsable: Elvira Luiz 
Colectivo de Redacción: Lilián 
Abracinskas. Brenda Bogliaccini. 
Lilián Celiberii. Elena Fonseca. 
Elvira Luiz 

Colaboradoras Permanentes: 

Alina María Coluzzi. Mina Peggo. 
Ivone Trías. 

Colaboraron en este número: María 
Julia Alcoba. Anna Danielli 
Diagramacion: María Laura 
Bulanii. Brenda Bogliaccini 
Fotografía: Estela Peri 
Dibi^os: Pilar González, 

La la Severi 

Dirección: Ana Monterroso 
de Lavalleja 2010 
C.C. 10649 D-l Montevideo 
Impresión: Petirossi Hnos. 

CiHiper 2229 
IX'pósito Legal 201.607 
Registro CarjHMa n. % 85-4682 
(en trámite) 










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8 de Marzo de 1909 


Fábrica Cotton - Nueva York 


129 obreras textiles mueren quemadas dentro de su lugar de 
trabajo. Las puertas de la fábrica han sido cerradas por su dueño. El 
motivo: evitar que se contacten con las mujeres sindicalistas que ma¬ 
nifiestan frente a la misma. Un accidente, llamas y las puertas ce¬ 
rradas. 129mujeres mueren quemadas. 


Pero luego de un intervalo de silencio para muchas de nosotras 
se convirtió en un descrubrimiento que en el 8 de marzo de 1984, los 
noticieros de los canales de TV entrevistaran a las representantes de 
la Coordinadora para la Conmemoración del Dia Internacional de la 
Mujer. ¿Día Internacional de la Mujer? 


En el Nueva York de 1909 muchas mujeres comienzan a orga¬ 
nizarse y protestar contra las condiciones de inseguridad e insalu¬ 
bridad de los lugares de trabajo, por los bajos salarios y abusos de las 
patronales. Muchas de esas mujeres han sido despedidas con la clara 
intención de desarticular todo intento de sindicalización. Pero las 
mujeres salen a la calle, y en “£/ Gran Levantamiento ” manifiestan 
durante 13 semanas bajo la proclama ^Estamos en huelga por un 
tratamiento humano 


La Jefatura de Policía de Montevideo ha prohibido la marcha 
silenciosa y el acto con lectura de proclama que se había organizado. 
"Las reivindicaciones y los motivos para tal conmemoración tienen 
en sí una protesta sindical y una actuación política. Existe el riesgo 
de que se altere el orden público que la Jefatura tiene la obligación de 
salvaguardar". 


El frío, los matones a sueldo, las prostitutas pagas por los pa¬ 
trones. la policía, la cárcel, no logran amedrentarlas. 


La prohibición era una prohibición más de las muchas que 
sufríamos. Pero lo nuevo estaba en lo que se conmemoraba, en la 
realidad de saber grupos de mujeres organizados, trabajando, res¬ 
catando las mujeres de la historia. 


Apoyadas por todos los trabajadores de las fábricas textiles, por 
las sufragistas, por las feministas, logran sus mejoras salariales, pero 
el Sindicato no las reconoce y las mejoras de las condiciones de tra¬ 
bajo nunca llegan a cumplirse. 


8 de marzo de 1985 


Copenhague - Dinamarca 1910 


Los movimientos y asociaciones de Mujeres se reúnen en la 2^ 
Conferencia Internacional Femenina y bajo la iniciativa de Clara 
Zetkin (dirigente obrera del Partido Social Demócrata Alemán) se 
declara el 8 de marzo DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER. 


Las frustraciones e impotencias ante las prohibiciones, el poder 
irracional, se convierten en fuerza creadora y en trabajo fecundo. 
Finalmente las mujeres en la calle, junto a una infinidad de mujeres 
en el mundo, conmemoramos el 8 de marzo, el DIA INTERNACIO¬ 
NAL DE LA MUJER. Reunidas en la Plaza del Entrevero y luego 
marchando hasta la Cárcel Central donde aún quedan mujeres pre¬ 
sas, dimos un paso más en la construcción de nuestra identidad. 


Montevideo - Uruguay 8 de marzo de 1984 


Siempre se conmemoró el 8 de marzo en actos que muchas 
ignoramos. En las fábricas textiles y en actos de las mujeres organi¬ 
zadas se le rindió homenaje a todas las obreras caídas. 


Conocer y compartir este proceso, tiene como fin encender en 
cada una de nosotras, de todas las mujeres uruguayas, la incontro¬ 
lable necesidad de empezar (para aquellas que aún no han empeza¬ 
do) y seguir con seguridad (para las que ya han creado sus caminos) 
en este 8 de marzo la lucha por los Derechos Inalienables de la 
Mujer. Convertir en nuestro día todos los días del año. 












W44tw/ 


wm 







o de marzo de 1986 


Libres en la maternidad 


Iguales en el trabajo 


Protagonistas en la sociedad 


Colectivo Mujer. 







Actividades a desarrollarse en Montevideo 
con motivo de la conmemoración del 8 de marzo 
“Día Internacional de la Mujer” 


6 de marzo 


La Asociación 
de Mujeres Periodistas (AMPU), 
realizará un acto que tendrá 
lugar en el Teatro de la Alianza 
Francesa a las 19:00 horas con 
una disertación sobre ‘‘Educa¬ 
ción para la Paz”. Posterior¬ 
mente actuarán Cristina Fer¬ 
nández y Washington Carrasco. 




7 de marzo 


Las mujeres 
del Frente Amplio emitirán un 
mensaje a todas las mujeres a 
través de las ondas de CX 30 La 
Radio en cadena con emisoras 
del Interior. 



8 de marzo 


Día Internacional de la Mm'er 

Hora 10:30 — Manifestación 
por 18 de Julio. Convoca Asocia¬ 
ción de Mujeres Uruguayas 
Lourdes Pintos (AMULP) ‘‘Mu¬ 
jer defensora de la vida”. Las 
mujeres marcharán de Plaza 
Independencia a la Plaza Li¬ 
bertad. Están invitadas todas las 
mujeres. 

Hora 19:00 — El Plenario de 
Mujeres Uruguayas (PLEMUU) 
organiza una Mesa Redonda en 
la Acción Sindical Uruguaya 
(ASU), José Enrique Rodó 1836, 
en donde los grupos barriales 
van a relatar experiencias, logros 


y dificultades. Dos grupos que 
coordinan con PLEMUU fueron 
especialmente invitados: Madres 
y Familiares de Desaparecidos y 
el Grupo Ecuménico de Muje¬ 
res. Participará también una 
mujer delegada del PIT-CNT. 

La Unión de Mujeres Urugua¬ 
yas (UMU) conmemora el 8 de 
marzo con el “festejo en los ba¬ 
rrios”, una conmemoración de 
“carácter jubiloso, porque en¬ 
tendemos que sólo a través de la 
alegría es válido acercarse a las 
otras mujeres para emprender 
juntas la lucha que nos permita 
vivir mejor”. 

Realizarán jornadas previas 
de pegatina y volanteada y el día 
8 la Comisión de Mujeres de la 
Costa harán su fiesta conjunta¬ 
mente con otras organizaciones 
sociales en Lagomar Km. 21: 
Covisunca en Felipe Cardoso y 
Pitágoras realizarán un acto en 
la calle; en Piedras Blancas, Los 
Boulevares, La Chimenea, Las 
Torres, las compañeras de UMU 
desarrollarán diferentes activi¬ 
dades, para las cuales esperan 
contar con la presencia de todas. 



10 de marzo 

En el Salón 
de Actos del diario “El Día” 18 
de Julio 1299 las mujeres del 
Partido Colorado que ocupan 
puestos de Gobierno integrarán 
un panel sobre: “Sus experien¬ 
cias y una evaluación de la Con¬ 
dición de la Mujer”. Participa¬ 
rán del mismo, la Dra. y Minis¬ 
tra de Educación y Cultura, la 
Sra. Adela Reta; Magdalena 
Gerona (SODRE); Fanny Arón, 
diputada; Ana María Ruggia, 
edil; Ercilia Bomio, senadora 
suplente y María Ester Canto- 
net, consejera de ANEP. 



13 de marzo 


Homenaje 

por el Día Internacional de la 
Mujer de la Junta Departamen¬ 
tal de Montevideo. Hablarán las 
ediles: Amalia Alonso, María 
Ruggia. Laura Fontán y estarán 
presentes mujeres integrantes de 
la Comisión de la Mujer de la 
CONAPRO. 



9 de marzo 

Hora 15:00 
Carrera “Día Internacional de la 
Mujer” a realizarse en el Hipó¬ 
dromo Nacional de Maroftas, or¬ 
ganiza el grupo Condición de la 
Mujer del Partido Colorado, Li¬ 
bertad y Cambio. 



fs! Trjsrco c:te 
'(SentanB efeoos 2>ens- 
ehos o/ya- 

n/saaía por /b Comisión 
por e/ ^eancu^n^ro de 

/as orL^o^oSiCof/diS- 
no con \/o C.B 

a una Üésa /Csoo/uda ■ 

an /m 


Explanada Municipal— Feria y Acto — Lunes 10 de marzo 


Todas Juntas 
conmemoramos 

el Día Internacional 
de la Mujer 


A partir de las 14:00 horas se 
realizará una Exposición Feria 
convocada por el grupo “Condi¬ 
ción de la Mujer” de la Concer- 
tación Nacional Programática 
(CONAPRO), a la cual se adhie¬ 
ren los grupos de mujeres que no 
integran dicha comisión. 

Todos los grupos participan¬ 
tes de la convocatoria expondrán 
en los stands situados en la Ex¬ 
planada Municipal el material 
producido por sus organizacio¬ 
nes, relativos al tema de la Con¬ 
dición de la Mujer. 


A las 20:30 horas se dará lec¬ 
tura a una proclama y posterior¬ 
mente se dará comienzo a un es¬ 
pectáculo artístico. 


PIT-CNT conmemora 
el 8 de marzo 


El sábado 22, en la reunión de 
la mesa representativa amplia¬ 
da, la Federación Uruguaya del 
Magisterio • Trabajadores de 
Enseñanza Primaria presentó 
una moción que transcribimos, 
para que la central de trabaja¬ 
dores convocara dentro del ca¬ 
lendario de movilizaciones pre¬ 
vistas a la conmemoración del 8 
de marzo. Día Internacional de 
la Mujer. Las compañeras de 
AEBU de la Comisión de Muje¬ 
res hicieron llegar a la dirección 
de la central una iniciativa simi¬ 
lar. Saludamos calurosamente la 
iniciativa de las sindicalistas. 

Dice la moción presentada: 

Considerando a) el papel de la 
mujer uruguaya en la resistencia 
a la dictadura organizando des¬ 
de los barrios la protesta po¬ 
pular. 

b) que este protagonismo en la 
lucha contra la dictadura debe 
crecer y multiplicarse en esta 
etapa de participación democrᬠ
tica. 

c) que el 8 de marzo es una 
fecha histórica que recoge el 
protagonismo de la mujer traba¬ 
jadora en la forja de los sindica¬ 
tos clasistas. 


SE RESUELVE: 

QUE el movimiento sindical 
uruguayo nucleado en el PIT- 
CNT recoja la fecha del Día In¬ 
ternacional de la mujer reivindi¬ 
cando el carácter clasista y com¬ 
bativo de la lucha de las mujeres 
asesinadas. 

QUE se convoque a 
un encuentro de tra¬ 
bajadoras para con¬ 
memorar el 8 de 
marzo y reafirmar 
la participación de 
la mujer. 

QUE se integre 
definitivamente al 
calendario de movi¬ 
lizaciones de nues- 
tral central la con¬ 
memoración del Día 
Internacional de la 
Mujer. 


Encuentro de Mujeres 
Trabajadoras 

Sábado (5 —16 hs 
en el local de AEBU 


COTIDIANO MUJER quiere 
adherir no sólo de palabra a 
todas las iniciativas que pro- 
muevan la participación de la 
mujer. Estamos convencidas 
de que comenzamos a reco¬ 
rrer un camino que abrirá 
nuevos horizontes a la mujer 
uruguaya, donde su voz tenga 
tanto valor como su trabajo 
de hormiga. Hemos sumado 
nuestro esfuerzo a esta tarea y 
como medio de comunicación 
estaremos presentes este 8 de 
marzo para traerle a nuestras 
lectoras un balance, en abril,, 
de lo que esperamos sea un 
hervidero de mujeres trabaja¬ 
doras para decir presente en 
la realidad social de nuestro 
pais. 



QUEREMOS QUEREMOS QUEREMOS QUEREMOS 

Queremos cambiar la calidad de vida 
^eremos ser iguales y también distintas 
Queremos vivir nuestra casa pero no ser esclavas de ella 
Queremos ser madres pero no las únicas responsables de 
nuestros hijos 

Queremos iguales salarios e iguales oportunidades en el 
trabajo 

Queremos que no se siga usando nuestro cuerpo como 
objeto de consumo